Hay días en la finca en los que provoca encender la leña, cocinar sin afán y disfrutar ese sabor tradicional que hace especial una comida campestre. Pero también hay momentos...
Hay algo que cambia completamente una cocina: el olor a pan recién hecho. No el del horno eléctrico… el de verdad. El que huele a leña, a tradición, a finca...