Hablar del Vichada no es hablar de un destino cualquiera. Es hablar de caminos largos, ríos que imponen respeto y comunidades que han aprendido a vivir con lo esencial. Pero también es hablar de realidades que pocas veces se cuentan: cocinas llenas de humo, estufas improvisadas y familias que durante años han cocinado en condiciones riesgosas para su salud.
Esta es la historia de una travesía real. No de fotos bonitas ni frases preparadas, sino de días vividos en territorio, escuchando, compartiendo y entendiendo por qué una estufa ecoeficiente puede cambiar más que una cocina: puede cambiar la vida diaria de una familia.
Y como toda historia que vale la pena contar, hay que empezar por el principio.
Día 1 de la Travesía al Vichada: cuando la hospitalidad te enseña más que cualquier plan






El primer día comenzó en el Resguardo Caño La Hormiga, y desde el primer momento quedó claro que este viaje no iba a ser como cualquier otro. La comunidad nos abrió sus puertas como si nos conocieran de toda la vida, sin protocolos, sin distancia, sin desconfianza. Aquí, la bienvenida se da con hechos.
Antes de hablar de estufas ecoeficientes, pasó algo fundamental: nos sentamos a compartir. Cocinamos juntos, reímos, almorzamos como familia y entendimos que, en estas comunidades, la cocina no es un lugar más de la casa. Es el corazón del hogar.
Y en medio de esa jornada apareció algo que no estaba en ningún cronograma: el testimonio sincero de quienes, durante años, cocinaron en estufas improvisadas, peligrosas, llenas de humo. Personas que normalizaron arder los ojos, toser mientras cocinaban y vivir con el miedo constante a un accidente doméstico, porque nunca tuvieron otra opción.
Pero este día también tuvo nombre propio.
Los niños fueron protagonistas desde el primer momento, y entre ellos Asa. Una niña valiente, curiosa, con una sonrisa inmensa que se quedó grabada en la memoria de todos. Asa representa algo muy poderoso: el futuro que sí puede ser distinto cuando se cambian las condiciones del presente.
Ese primer día dejó una certeza clara: no se trataba solo de entregar estufas, sino de dignificar un espacio tan básico como la cocina. Y justo cuando ese mensaje se entendió desde lo humano, la travesía apenas comenzaba.
Por qué empezar escuchando cambia completamente el impacto del proyecto
Después de ese primer encuentro, quedó claro que cualquier solución que llegue a territorio sin escuchar primero está destinada a fallar. Las comunidades indígenas del Vichada no necesitan que alguien les diga cómo vivir; necesitan soluciones que respeten su cultura y mejoren su día a día.
Las estufas ecoeficientes entregadas durante esta travesía cumplen justamente ese propósito: no imponen una forma nueva de cocinar, sino que hacen más segura y saludable una práctica que ya existe.
Reducir el humo dentro de la vivienda, disminuir el consumo de leña y evitar enfermedades respiratorias no son conceptos técnicos para estas familias. Son cambios que se sienten desde el primer uso. Y cuando uno entiende eso, el camino hacia el segundo día toma aún más sentido.
Día 2 de la Travesía al Vichada: donde la hermandad no se aprende, se vive






El segundo día nos llevó al Resguardo Caño Bachaco, comunidad Saman, y si el primer día fue de escucha, este fue de confirmación. Aquí la hermandad no es un concepto, es una forma de vida.
Donde uno siembra, todos cosechan.
Donde uno cocina, todos comen.
Donde uno necesita, los demás extienden la mano.
Y otra vez, la cocina apareció como ese punto de encuentro donde todo pasa. Por eso, cuando el humo invade ese espacio, no solo afecta la salud, afecta la convivencia, la tranquilidad y la vida familiar.
Las estufas ecoeficientes entregadas permiten reducir hasta un 70 % el uso de leña y disminuir cerca del 90 % de las emisiones contaminantes, algo que impacta directamente la salud respiratoria de las familias, especialmente de mujeres, niños y adultos mayores.
Pero más allá de las cifras, lo que se vivió ese día fue algo que no se aprende en libros: la certeza de que cuando uno mejora la cocina, mejora la vida entera del hogar. Y con esa enseñanza clara, el recorrido siguió su curso.
Día 3: cruzar el río Orinoco para llegar al Resguardo Cachicamo






Para llegar al Resguardo Cachicamo, en Puerto Carreño, hubo que cruzar el río en balsa. No como experiencia turística, sino como parte natural del camino. Navegar por el Orinoco es entender por qué estas comunidades han aprendido a respetar la naturaleza: aquí no se domina el entorno, se convive con él.
Cachicamo se encuentra en la frontera entre Colombia y Venezuela, una zona donde el acceso a recursos es limitado y donde cualquier mejora en la vida cotidiana tiene un impacto enorme. Allí, la comunidad escuchó, preguntó y compartió su experiencia.
Se habló de cómo una estufa ecoeficiente puede:
- ahorrar leña,
- reducir el humo dentro de la vivienda,
- proteger la salud,
- cuidar el entorno sin romper tradiciones.
Cuando las personas entienden el beneficio real, el proyecto deja de ser externo y se vuelve parte de la comunidad. Y con esa apropiación, el viaje continuó hacia uno de los territorios más exigentes de la travesía.
Día 4: Resguardo Indígena Guàripa, territorio vivo y exigente






El cuarto día llevó la travesía hasta el Resguardo Indígena Guàripa, en Puerto Carreño. Rodeado de montañas, vegetación abundante y caminos difíciles, este territorio exige respeto desde el primer paso.
Aquí se entregaron Estufas Ecoeficientes ERGONATURA, desarrolladas por Metalcof, y se acompañó a las familias en su instalación y uso. No fue solo entregar un equipo, fue explicar, resolver dudas y adaptarse a la realidad de cada hogar.
Se habló de:
- reducir el consumo de leña,
- eliminar el humo del interior,
- mantener un espacio de cocina más seguro,
- alargar la vida útil de la estufa.
Nada de esto habría sido posible sin el apoyo de INVERBOSQUES, aliado clave para que estas entregas llegaran hasta donde muchos proyectos nunca llegan.
Y cuando el cansancio se sentía, quedaba aún un último destino por recorrer.
Día 5: Guacamayas, Cumaribo, el cierre de una travesía que deja huella






La travesía terminó en el Resguardo Indígena de Guacamayas, en el municipio de Cumaribo, Vichada. Un lugar de paisajes únicos y gente que recibe con una calidez que no se ensaya.
Cada kilómetro recorrido hasta aquí fue una confirmación de algo importante: estas historias casi nunca se cuentan, pero son las que más importan. Aquí se vio con claridad cómo una estufa puede cambiar la rutina diaria: menos humo, menos leña y más tiempo para compartir en familia.
No fueron solo entregas. Fueron encuentros. Conversaciones reales. Casas abiertas y corazones también.
¿Por qué las estufas ecoeficientes sí reducen desigualdades?
Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación del aire en interiores es una de las principales causas de enfermedades respiratorias en zonas rurales Reducir el humo es reducir desigualdad. Ahorrar leña es aliviar cargas físicas. Mejorar la cocina es mejorar la calidad de vida.
Eso es lo que impulsa Estufas Ecoeficientes Metalcof: soluciones reales, pensadas para el territorio, que dignifican la vida cotidiana y aportan a la reducción de brechas sociales.
Una travesía que demuestra por qué esto sí importa
Desde Caño La Hormiga hasta Guacamayas, esta Travesía al Vichada dejó una enseñanza clara: la sostenibilidad real se construye caminando el territorio, escuchando a la gente y mejorando su día a día.
En Estufas Ecoeficientes Metalcof, mejorar la calidad de vida y aportar a la reducción de las desigualdades no es un discurso. Es una acción que se instala, se explica, se vive y se comparte.
Y aunque el camino sea largo, vale cada paso.



















